Calor
Tercas y coquetas las empapadas tardes sin quehaceres. Calor con poco aire y demasiados recuerdos. Varios estallidos de desespero, y a beneficio; nadie cerca. La imaginación sin sueldo, las conversaciones sin tema, Pizarro muriendo traicionado en un avión, y el desaire al hablar de uno. Nadie lloró. Olvidado de los demás, exigiendo respetos ajenos y sincero en no sonreír. El relámpago de una lámpara dañada, la pequeña y falsa tormenta en una noche sofocante de verano. Aliviado de hasta los impetuosos quemonázos del frío invernal; lo extraño, por la belleza que deja en mi rostro y por el calor de las ropas que me recuerda el cálido verano.