Uno.
Es un silencio con pedazos de lo perdido, casi teatral, grotesco, recurrente. Inició el espectáculo cuando Mr. Pierre deprimido y llorando por que perdió su auto, llegó tapándose su cara mientras empujaba a sus secuaces para recostarse en el sofá de la oficina.
Dicen, que el pedazo de vejestorio que cargaba como amante, sin poder comprar las colonias y sahumerios que distraen su olor a carne vieja y menopausia; gritó y lloró. Parece que fue ahí cuando guardó el puñal entre las tetas, se limpió las lagrimas, se tomó un té y salió.
Eran las dos de la tarde cuando llegó a la oficina. Nadie la esperaba. Todos consolaban a don Pierre (yo no) hasta que la vieron llegar. Asustados se pararon y se fueron, lo abandonaron. El pobre, sólo la miró avergonzado y atacado en llanto se cubrió con el cojín su cara. Ella se le acercó, lo abrazó unos segundos, miró a todos y sacó el cuchillo. Él seguía tapado. De la nada sin previo aviso ella comenzó a apuñalearle la parte alta del estómago. Fueron 4 las veces, y en silencio brotando sangre; él no se enteró. Escondido lloraba y se lamentaba. Fue Sofía su secretaria la que se animo a avisarle. Ahí la cosa se puso fea.