Una.
Fui por un vaso de agua a descansar en la terraza unos minutos. Había terminado de llover y apenas caían algunas gotas de los árboles. Estaba Lucio mi compañero de clase fumando un cigarrillo. Me saludó. –Mira- me dijo, -¿Ves esa de allá?- me señaló una mona alta que caminaba hacia la esquina –estoy enamorado de ella- dijo. La mona alta que venia caminando firme, comenzó a bajar el ritmo y a apoyarse de la pared con cada paso que daba. Lucio no notaba nada, me comentaba de sus planes con ella y de cómo pensaba conquistarla. De pronto la mona alta y segura se desplomó y cayó de espaldas en el anden aún mojado y por momentos encharcado. El primero en acercarse fue un niño astuto que le palmeó la cara, al no notar respuestas; le sacó el bolso, le toco las tetas, el culo, y salió corriendo. Lucio desesperado se animó a bajar. En seguida llegó un montón de gente, la acorralaron y yo ya no la veía. Frenó lento un auto rojo al frente de la muchedumbre, se bajó un tipo gordo y grande, desesperado se abrió paso entre la gente y salió de ella con la Mona en sus brazos. La metió en el auto y se fue. Se la llevó. La gente se dispersó y la calle volvió a quedar sola. Justo ahí apareció Lucio. Desperado la buscaba por todos lados. Me miró en la terraza y con sus manos me preguntaba donde estaba. Yo no supe que responderle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario