El Lugar.
Escondieron su gente en el verde y el azul no les quedaba bien.
Demasiados parlanchines morbosos y patanes celebrando y brindando champagne, al otro lado en el barrio y sin vecinos. Esos gorditos bajos calvos y de bigotes son los peores; de cuerpos corruptibles y de sangre arcaica e impúdica. Los garabatos y poemas de esos borrachos pirulines escribieron lo que esto es hoy. Por eso los flacos se escondieron en el verde y el azul no les quedaba bien; para arrinconarlos por el otro lado, agarrarlos por la espalda y romperles el pescuezo. Quemar ese libro milagroso que escribe el futuro. Ya ni siquiera habían profesoras, el caos se acomodó y era rutinario casi un mandamiento. No digan que yo lo pienso pero no quedó de otra. Todo empezó caótico como tenia que empezar, parecía irles bien; eran más flacos, menos eufóricos, con bigote y bien peinados. El problema vino mucho después cuando querían recuperar los sándwiches que habían olvidado; vinieron mal disfrazados con el carro pinchado y otra vez sin plata, se pelearon entre ellos y todo se dispersó. Los bellacos patrañeros se aprovecharon de eso, se hicieron los bobos y envenenaron los sándwiches. Los muy fantoches llenaron todo de gorditos calvos como ellos. Todo se volvió vulgar, solo quedaron sucios picaros bandidos y flojos. Los flacos bien peinados se engordaron, olvidaron sus pupitres y se enfermaron. Llegaron profesoras bajas calvas y de bigote, los niños comenzaron a comer mucho, a brindar champagne debajo de las palmeras, a pintarse entre ellos bigotes en las caras, raparse dos entradas en las frentes y jugar a que mataban flacos bien peinados.
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